Parte 1
Ok, estoy cansada de mi vida, creo que todo el mundo tiene derecho a cansarse alguna vez. Hoy saldré a tomar algo y a no pensar, porque en todo este tiempo, lo único que hago es pensar… y hoy es distinto, me perderé en la atmósfera y me dejaré llevar, de hecho casi ni hablaré, seré una inocente oveja que se dejará llevar al matadero si la suerte así lo quiere.
Llevo aquí media hora y dos vasos de vodka, mi cara es pálida y alargada, mi contextura mediana, de hecho yo me considero gorda para el resto de mujeres que hay en este lugar; mido 1.60 y peso 64 kilos, mi cabello es largo y castaño como mis ojos. Respiro al fin tranquila porque nada en este mundo me importa, porque a nadie de este mundo e importo.
Tercer vaso de vodka y veo que alguien está a mi lado con un vaso de ron al parecer, me observa de reojo, y yo sólo se sumo a mis pensamientos de tranquilidad, donde el sonido del bar se disipa en pequeñas melodías, lo ignoro y él parece querer buscar mi mirada, me detengo, suena una canción conocida de evanescence, la escucho y lo examino con detención; pantalón claro de tela, lindos zapatos negros, suerte claro, manos medianas y huesudas que pasean inquietas por el alrededor del vaso, cabello castaño claro y alborotado, un rostro echo por un artista, hermosa nariz, ojos azules penetrantes que cruzan con los mios; no alejo la mirada y observo el arco de su sonrisa, sus ojos brillan como si me hubiera esperado de años.
Hola, mi nombre es Fernando. Llega el barman y me pregunta si me serviré otro trago, vuelvo a él la mirada y siento como mi brazo es tomado, él responde; la señorita me esperaba y ya me encontró, ahora nos vamos, gracias.
De mi boca no escapan palabras sólo camino y lo miro, no recuerdo haberlo visto antes, pero mientras me lleva, no siento miedo, me siento segura y a salvo de su mano. Bajamos y me abre la puerta de su auto color plateado, me siento, se sube y me sonríe; se me acerca y pone el cinturón de seguridad, en la atmosfera suena un tibio sonido de piano, como una caja musical.
Llegamos a un hotel, quiero decir algo, y lo único que se me ocurre es: soy Carolina, el me sonríe y toma mi collar que lleva mi nombre. Recuerdo que me lo compre en una tiendita cerca del cerro Santa Lucia, pensaba en una serie de televisión cuando lo busque y lo vine a encontrar muy barato en ese lugar.
Abre la habitación, el cuarto es bastante luminoso, la mayoría de adornos son de color blanco, toma mi mano y me lleva al baño me hago un autoanálisis, creo que me sentó mal el alcohol, tengo ganas de vomitar; me lleva toma mi pelo para no ensuciarme, prende la tina y la llena.
Toma mi ropa sacándola con total suavidad, me lleva y me siento, él coge una esponja y la pasa por mis hombros, huele a frutas todo el baño y mí alrededor está lleno de espuma, toma una enorme toalla blanca con la que me abraza y me trae una polera que me llega hasta el muslo, lo abrazo y él me sujeta por la espalda. Me mira fijamente y me besa. Me besa suavemente, me desnuda delicadamente y sacia el deseo de mi ser, él lo sabe, sabe que lo necesitaba sonríe y me cubre de besos hasta que ya pasan las horas y ambos dormimos sobre una enorme cama blanca. Duermo y descanso plenamente, me olvido de mis problemas y soy como una niña nuevamente, que puede dormir sin preocupaciones, siento su mano en mi espalda abrazándome hacia el para dormir, respiro y duermo.
Parte dos.
Despierto cuando un rayo de sol se cuela por la cortina, veo a mi alrededor, y estoy en una cama blanca, veo mi ropa doblada sobre un sofá, me levanto con una bata blanca que había a los pies de la cama, tomo mis cosas y voy al baño. Veo que en el baño todas las cosas son de un hombre no hay nada de color, sólo blanco, me coloco mis jeans y mi blusa fucsia, busco un cepillo, encuentro una peineta. De pronto suena la puerta, es él va a encontrarme al baño y trae una bolsa en las manos.
Buenos días, no quise despertarte, salgamos a desayunar, ponte esto mientras yo mando tu ropa a lavar, lo miro y veo que quiere que me quite mi ropa, ciertamente los jeans tienen rastro de la noche anterior, espero que salga del baño y me quito mi ropa, veo lo que hay en la bolsa y es un vestido azul, con zapatos del mismo color, me queda.
Salgo y él me está esperando con su sonrisa, ese vestido estaba hecho para ti. Hoy es domingo, no trabajo y al parecer el tampoco, no hablo y el me cuenta del lugar por donde caminamos, la historia, como era antes, del día. Llegamos y pide por mí un café igual que el de él, yo lo bebo y le pregunto, qué edad tiene. 30 es su respuesta, es mayor que yo, él lo sabe.
Toma mi mano y seguimos caminando, llegamos a un jardín y nos sentamos sobre el pasto, nos acostamos a contemplar el hermoso día de verano, toma pequeñas flores y las pone en mi cabello. Yo sonrío y le pregunto en qué trabaja. Soy creativo de una compañía de marketing me contesta, observo las nubes del cielo. Los copos van formando un corcel…
Pasan las horas y vamos a comer, pide por mi otra vez, lo observo y acepto la comida, deliciosa, emito con mi tono bajo, sonríe.
¿Te quedarás hoy?, observo detenidamente su rostro al hacer la pregunta, no puedo contesto, mañana trabajo, yo igual contesta él.
Me tengo que ir, ¿volverás?
Lo miro y sólo se escapa de mi una sonrisa.
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